Agustín Mamolar
Poesía
Copyright © 2012 by "BitAlium"  ·  All Rights reserved  ·  E-Mail: comercial@bitalium.es
Palabras para una sonrisa efímera,
o una mirada fugaz que el azar regaló.
Palabras dormidas en un papel
o en una pared en la que ya no da el sol.

Palabras que no hablan de un amor perdido
o de un amor que dolor se tornó.
Hablan de lo que nunca fue,
de lo que quizás nunca será.

De voluptuosos e imaginarios sueños cómplices
que prestaron su pasión y su cara de quimera;
de oasis donde saciar la sed de nuevas pieles,
de otros labios y otros horizontes.

Sueños que hurtaron el espacio al amor cotidiano
construido de esperas; anclado a raíces
y a rutinas que asesinan la esperanza
y hacen prisionera a la razón. 

Palabras escritas para que hieran
a quien un día las inspiró
a quien la llama de la duda hizo arder; 
a quien con su luz al cielo deslumbró
y todas las estrellas eclipsó;
a quien las tormentas apaga,
pero ignora que, en una pared olvidada
o en un papel cualquiera, un amante furtivo
un día soñó con ella y de ella.

Otras ojos y otros labios le hablaron de pasión;
de la brevedad del tiempo y de aquí, ahora, tu y yo.
Pero solo ella hizo vibrar el aire a su alrededor
y estallar el viento y abrirse una flor.

Luna de cristal, flor de sangre, mar de espuma,
olas que revientan contra el dique del corazón.
Sed de ella, de su piel dorada, de su mirada serena.

Sueña sus besos, se funde en su pecho,
navega en silencio su carne, ahoga el último suspiro
y un día inventará nuevas palabras
para otra sonrisa, para otra mirada marrón,
y otro sueño transparente, sin cuerpo, ni alma,
que a su lado se acostará, entre el y la soledad,
y le propondrá una nueva quimera con la que soñar
y a la que amarrar su nave de emociones sin dueño.


Bilbao, noviembre 2005
Sola
Tenía el corazón roto, el alma quebrada
y en el pecho un puño que me ahogaba.
Rompí la mañana, miré al cielo y reté al sol.

Quise amaneceres más transparentes
y me encontré sola, abrazada entre mis brazos
y arrullada por el murmullo de ecos
que aullaban dentro de mí, dulces y secos.

Busqué cobijo y me encontré con mis manos.
Sentí frío y descubrí mi aliento.
No sabía que los recuerdos eran húmedos,
pero una imagen vieja mojó mis párpados.

Descubrí que nada es nada sino está en mí;
que solo hay cicatriz si antes hubo herida;
que solo hay herida donde hubo temblor
y que regresará a ella la piel y la luna.

Supe que solo sirve la luz que me deslumbra.
Sola conmigo; sola sin ti; sola entre todos.
Sola, solitaria, soledad.

Mi alma rota resurgirá fuerte y entera.
Mi corazón reventará en otros sones.
La felicidad duele, el amor grita.

Duele la fragilidad no compartida.
Duele el sueño que un día se fue.
Duele no saber quien curará la herida.
Duelen los sueños que matan.
Duele dejar de amar y el amor dejado.

Alma con alma. Brazo con brazo.
Cómplice perdido. Mar bravío.
Temor a  no poder ser sola en soledad.

                                                                                                                                                    Bilbao, a 23 de agosto de 2005
Inicio Obra En los medios Enlaces